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Amén, Abracadabra, Expecto Patronum, tienen en común que una palabra materializa un pensamiento para hacer “magia”. La energía sigue al pensamiento es uno de los principios que aprendí en Sanación Pránica, es algo que se enseña también en distintas filosofías y escuelas. 

Este es el inicio para sanar, decretar, conjurar, programar. Si bien todo es energía, y esta sigue su flujo, quienes somos almas tenemos un nivel de consciencia que sirve para dirigir ese flujo. Aquello a lo que prestamos atención concentra energía, aquello que decretamos la canaliza, lo que sentimos es una forma de materializarla y experienciarla. 

Si yo me concentro en limpiar un lugar, ya sea que tome un incienso, mi mano, unas palabras, o cualquier otro ritual o acción, hará posible la limpieza, porque la intención es lo primero que lleva la energía a ese propósito. Y, mejor aún, si acompaño estos rituales con herramientas u otros materiales que reafirman la intención (como hacerlo durante la luna llena, o usar cuarzos, velas, direcciones de Feng Shui, por ejemplo). Mi intención de limpiar dirige, y los demás recursos reafirman. Y así, vamos sumando voluntades, recursos y posibilidades para concretar una intención. 

Por eso, puedo orar en mi cama por la salud de alguien y tendrá un resultado; pero también puedo orar en compañía de otros que pedimos al mismo tiempo por la salud de esta persona, y es mayor la cantidad de energía que se canaliza. Si además, acompaño estos rezos con un cirio, con agua bendita, con incienso, se reafirma desde la materialidad, y desde luego, desde lo energético, la intención. 

Este principio es el que guía las terapias de sanación y lo que se “conjura” o programa para llevar una misión energética. 

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